¿Por qué sin darnos cuenta dejamos señales, migas de pan esperando que ese “alguien” las encuentre y vuelva a nosotros? Quizás tener viva la ilusión de mandar un mensaje en una botella y que aunque pasen años ese mensaje llegue a las manos que esperamos llegue.
Vamos dejando escritas iniciales en árboles que con el tiempo crecerán, pero permanecerán talladas las letras en los recuerdos, ¿Cuántas veces las volvemos a repetir? ¿Cuántas veces recorremos con nuestros recuerdos esas iniciales profundas y desgastadas con los años?
Voy dejando señales sin darme cuenta, he dejado canciones dando vueltas, he dejado colores mezclados de tonalidades que se puedan entender, he escrito con lenguajes que sean cómplices de las añoranzas.
No se si aunque pasen los años esas energías permanecen vivas, no se si hay hilos poderosos e invisibles que nos unen a otros.
Añoramos los momentos, las canciones, los colores de las noches, las poesías recitadas y quisiéramos volver allí una y otra vez a contar las estrellas.
Hay un cuento que dice así, escribo palabras en las paredes, esperando que las lea la única persona que las puede entender.
«Si alguna vez nos encontramos pon el oído en mis costillas, cuando me duerma sobre el lado izquierdo, y me oirás resonar. Siempre he deseado que lo hagas alguna vez». La oí respirar hondo mientras hablaba. Y dijo que durante años no había hecho nada distinto de eso. Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, al través de esa frase identificadora. «Ojos de perro azul». Y en la calle iba diciendo en voz alta, que era una manera de decirle a la única persona que habría podido entenderla:
«Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: ojos de perro azul». Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido: «Ojos de perro azul». Pero los mozos le hacían una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado nunca haber dicho eso en sus sueños. Después escribía en las servilletas y rayaba con el cuchillo el barniz de las mesas: «Ojos de perro azul». Y en los cristales empañados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios públicos, escribía con el índice: «Ojos de perro azul».
Fragmento ( Ojos de Perro Azul, Gabriel García Márquez)